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Autonomodependientes: ¿Te gusta conducir?

mayo 28, 2018

Autonomodependientes: ¿Te gusta conducir?

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Coche autónomo; ¿nos hará demasiado dependientes?

Quizá en tu última salida prolongada fuera de casa has podido sentir el pavor de ver tu móvil en la recta final de sólo el 5% de batería. Querías morirte, irte con él allá donde fuera el espíritu de su software cuando al fin se apagó. Sin ningún punto de carga a tu alrededor recapacitaste: “Qué inútiles somos los seres humanos sin tecnología”.

Si te sirve de consuelo la relación del ser humano con la tecnología viene desde muy atrás. Así que es muy probable que el primer homínido que se olvidara su palo de batalla en casa, al irse de caza, también se sintiera de lo más inservible contra el enemigo sin aquel avance futurista que llegó a ser, en su momento, un palo ergonómico y robusto.

En la actualidad somos testigos de la proliferación de toda clase de inventos sólo hasta ahora soñados. Es apabullante vivir en el futuro. De lo más emocionante y divertido. Pero también hemos visto cómo nuestros padres, antes enciclopedias andantes de los callejeros de una ciudad, perdían todos sus poderes, cuando acostumbrados a los nuevos y eficientes GPS, estos les fallaban y ya no sabían ni cómo bajar la ventanilla para preguntar a los vecinos viandantes.

¿Dónde reside el problema, entonces? Probablemente en que la tecnología nos ha permitido llegar cada vez más lejos, entendiendo cada vez menos de lo que hacemos. Esto incrementa considerablemente nuestra dependencia. El ejemplo fácil sería plantearse realizar una división con decimales (21 entre 2,5) alejado totalmente de la calculadora o de los posibles cuadernillos Rubio que aún conservamos de nuestras inocentes clases de primaria.

Es así, quizá concedemos demasiadas habilidades a las herramientas tecnológicas, evitando el reto de aprender grandes cantidades de conocimientos. Es presumible pensar, entonces, que con la llegada de las nuevas tecnologías autónomas al mundo de la conducción, también perdamos algo de nuestra soltura en la carretera. Aunque si nos ceñimos a los datos, todavía hoy el 90% de los accidentes de tráfico son responsabilidad del ser humano. Quizá sea el momento de dar el paso y apostar seriamente por lo que está por venir.

Esta tecnología de ciencia ficción en la que se está invirtiendo tanto tiempo y en la que se están empeñando tantos recursos para que, al fin, consigamos coches autónomos, es tan enrevesada y minuciosa que toca, o debe tocar, todos los palos sin dejarse ninguno. Factores clave y muy a tener en cuenta como pueden ser: la velocidad del vehículo, el comportamiento y feedback con otros automóviles, todo el computo de longitudes, latitudes y distancias existentes a su alrededor, y hasta su localización exacta, con la mayor precisión posible, con respecto al mundo. No debe haber cabida para ningún tipo de error, la funcionalidad debe ser perfecta.

Este tipo de coches autónomos prometen lo impensable. Incluso se ha llegado a elucubrar con la idea de la desaparición del tan odiado y sufrido tráfico, afirmando que es tan sólo un problema de descoordinación entre todos los vehículos de la carretera. Aunque es factible que haya una mayor armonía debido al continuo contacto entre ellos, haciendo que las aglomeraciones y los accidentes puedan disminuir, es difícil no pensar en el gran número de vehículos que hoy día atestan la carretera. Demasiados, me temo, para la promesa de que no volverá a haber atascos. Seguramente los habrá, más modernos, pero los habrá. Aunque, eso sí, no tengo ni idea de cómo evolucionará nuestra querida sonata de bocinas pidiendo paso o los gritos exasperados del compañero de carril por la ventanilla.

¿Y qué me dices de aparcar? Fue la parte en la que más sufrimos todos en nuestro examen práctico de la autoescuela y ahora estos coches autónomos prometen hacerlo solos. Vivas en un minúsculo pueblo de La Mancha o en la mayor urbanización de la capital, cada vez es más difícil encontrar aparcamiento. Gracias a este tipo de vehículos el problema ya no sería tuyo. Nada de agarrarse de los pelos porque te acaban de quitar el sitio perfecto que has tardado horas en encontrar. Los coches autónomos, amigo, queda raro que lo resalte pero… son autónomos. Te podrás bajar de él en el momento que lo desees y dejarlo pacer por su cuenta hasta que él mismo encuentre su hueco a la sombra. Tú te bajas en tu destino y él, ale, que se de una vueltecilla por el barrio.

Es probable que algo te escame a estas alturas del artículo. Te has puesto en modo conspiranoico, a la más pura esencia de Black Mirror, y ya te has percatado: “¿Si mi automóvil necesita constantemente sus satélites en tiempo real para que llegue a funcionar… esto significa que cualquier personaje pintoresco podrá saber dónde estoy en cualquier momento?”. La respuesta corta es “Sí”. La larga: “Sí, hermano, da un poco de miedo, ya puedes empezar a temblar”. Podemos ponernos en lo peor y dictaminar que esto podría llegar a ser peligroso, ya que no tendremos ningún tipo de privacidad ni lugar donde escondernos mientras estemos a bordo. Evidentemente, las grandes empresas automovilísticas también se preparan para lo peor y luchan por evitar este tipo de invasión de la privacidad, pero tus datos seguirán estando ahí. A menos, claro, que decidas convertirte a la vida sencilla de la sociedad Amish. Ellos te prestaran un carro cuya tracción animal, del buey al poni, no tendrá ningún tipo de geolocalización, manteniéndote totalmente a salvo e ilocalizable.

En todo caso, y aunque el proyecto de vehículos de Nivel 5 en la escala europea de autonomía (en la que el conductor ya no es necesario) está cada vez más cerca, todavía quedan ciertos escollos que salvar antes de que esta escena sea practicable. La tecnología ya permite la fabricación de este tipo de coches más o menos autónomos e independientes, como el nuevo Audi A8, que ya es de un Nivel 3, pero le es imposible circular ya que la legislación no lo permite, ni estamos cerca de disponer de unas leyes definitivas para esta desconocida situación. Por supuesto, también hay que pensar en todo tipo de elementos necesarios, tanto en la carretera como en los propios vehículos, para que puedan operar correctamente. Hablo de sensores de ultrasonido, radares, cámaras, telefonía 5G, cartografías de alta definición, motores eléctricos robotizados, potentes procesadores… Sin contar con la inmensa red de soportes informáticos que sería necesaria para la conectividad y la seguridad de todos los vehículos en circulación.

Aún queda mucho por andar, pero con este paso, cada vez más rápido, enseguida llegaremos. Queda, entonces, la responsabilidad de ir más lejos sin olvidar de dónde venimos y cuánto nos ha costado. Por cierto:

coche autonomo

 


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